UMBRAL ADENTRO

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UMBRAL ADENTRO
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Cuando regrese del mundo
tenme paciencia
pues ante ti sólo vivo
en desnudez, desvalido.
No enrolles el dogal
con vana ciencia
en torno al cuello mudo
que su mal silencia.
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Si vas a desconfiar
de mi camino,
más vale que me arrojes
a las sombras.
No aspires a cocinarme
en fuego altivo
si no sirvo ya ni para sobras.
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Nada te une como yugo
a este destino
que elegí a conciencia
de su avinagrado vino.
La vida es vastedad
de peregrinos,
quienes suelen vagar
siempre a deshora.
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No puedo brindarte más
que magros trinos.
Soy ave acorralada
y no canora.
Barroco es el remiendo
con que asesino
el vestido corporal
para alma corva.
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Cuando venga de las calles
desde mi exilio
y arranque antifaz
que me soporta,
desnudo y piel adentro
por Dios te pido
no abotonar más el cepo
que cruel me ahoga.
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© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 2015

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LA CICATRIZ DE SÓCRATES

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LA CICATRIZ DE SÓCRATES

 pesadilla de Socrates 1

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¿Por qué Señor

-cuando debería destilarme

en la savia de tus árboles

y a tantos años luz de mi muerte-

he de volver a apurar la cicuta?

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Ya deshilachó la manta de los efebos

y no hay piedra que olvidaran mis plantas.

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Detrás no quedan

ni la memoria del viento

ni el efluvio de la magia

ni el roce de los tiempos

ni el calor de las hogazas

ni sangre

los huesos

sus ecos:

nada.

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En este lago que enmaraña besos

-virtuales besos

como cavernas-

busco lumbre y almohada

su mano cálida

su cabellera

su envoltura tersa

su acento antiguo

y su frontera:

una poca de amor

y mucha de almena.

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¿Por qué me has resucitado

cuando creía ser feliz

en esta jaula

encadenado en mi jaula

en mi jaula de hojalata?

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© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, enero de 2013

RÁFAGA…

 

RÁFAGA…

¿Quién te suele interpretar el verso
cuando alborea huidizo tu levante?
Pides un sorbo amargo de café
y te lo sirvo sin saturarlo de falsa miel.
O te zambulles en la tarde al desperezar mi mañana.
O te leo construyendo identidades que nos trencen.
No te reclamo casi nada, quizás un trozo de confabulación.

El mar envuelve como si tus iris tiñeran el horizonte.
Y te esbozo caminando por cierto malecón
en mutismo, sin prisas, luminiscente.
Y te abrazo los hombros
para robarme su traza de vítrea plenitud.
Y te vislumbro las sienes
donde anidan mis plegarias vestidas de ave.
Y nuestras islas se unen sin dolores de parto.
Y te sostengo infinitamente el pulso mortal.

¿Quién te suele desnudar los tientos
aunque sepa que nunca te podré besar?

© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 2017

INCOHERENCIAS…

 

INCOHERENCIAS…

Mañana gris sin pretensiones…
La saga de turno va dejando de encandilar
Descafeinado leo los obituarios.
Duele y reconforta algún cambio en el guión.

Memorias de la aldea centenaria
un Día de Reyes Magos.
Perdido en el aliento visible
cuando los inviernos usaban lana
y el horizonte guardaba sorpresas.

La infancia y el ocaso son dos cabos
de la misma cuerda.
Si los juntas puedes construir tu propio mandala.

Discurre el arroyo
mientras la especie asesina como condición.

Un espejo binario reflecta los besos.
Entro en delirio
sin la bocanada de opio.
En fin, no es menester haber muerto
para resucitar.

© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 2017

TERCERA VELOCIDAD ORBITAL…

 

TERCERA VELOCIDAD ORBITAL…
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Teodoro nació con plumas sobre los hombros.
La madre buscó refugio bajo el ala de cuervo del sacerdote.
No estaba de alma para amamantar a un ángel que rodó.

La infancia transcurrió entre improperios y escupitajos.
Es triste que la condición de Procusto
encarne por decenas tras los pupitres de la escuela elmental.
Hay poca materia de luz para empatías.
Un chivo expiatorio crece como la verdolaga
sin que intervenga la callosa mano del paciente agricultor.

Jamás Teodoro comprendió el significado de su nombre.
En épocas de ateísmo como mantra Dios no es bienvenido.
La desidia de las maestras ajenas a toda vocación
emborronaron el expediente del alumno
con maleficios de bruja:
“Desarrollo psicomotor tardío.
Déficit atencional sin hiperactividad.
Retraso en dominio
de habilidades lectoras y de cálculo.
Bajo nivel de interacción con los semejantes”…
No obstante, como una hoja al viento
el chico levitó de un grado en otro
hasta morder el límite oficioso de escolaridad.

Un día descubrió el sabor de las hormonas
y sus anclas rompieron amarras
y se fue a perseguir quimeras sin sexo.
Muy lejos eyectó violentando el inmenso muro que acorralaba la ciudad
para intentar inmunizarla de ciertas tentaciones…

Por volar en busca del Padre
-objeto de su amor inserto en el nombre-
Teodoro ascendió demasiado alto.
Confundió metáforas con realidades
hasta que el Sol incineró las alas.
Y como el héroe del mito
su cuerpo precipitó a la Tierra
hasta desintegrar…

Había catapultado al vuelo sin retorno.
Libre de esbirros, grilletes, sicarios.
La tercera velocidad orbital.

© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 2017

AUTORRETRATO EN SUEÑOS…

 

AUTORRETRATO EN SUEÑOS…
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Soné que soñaba sin escollos, sin temor a despertar.
No había noticias amarillistas al despuntar la madrugada.
El café de la mañana bien amargo.
Cuadraba un solo buchito. Nada más.
Los adoquines camagüeyanos repicaban como una rumba de cajón.
Las cegueras habían dado paso al vitral a prueba de erosiones.
Los nietos por nacer reclamaban oficio de cuentero
ilusionista de memorias que pescaba desde la panza pantagruélica
de voraces tinajones coloniales.
El corazón sólo restañaba heridas de almanaque y con naturalidad.
Libre de fantasmas o calaveras mal sepultas en el cuarto de desahogo.
Las aguas no eran muro infranqueable, ni las lavas almenas del cobarde.
En fin, soñé que contaba anillos como la ceiba centenaria
desconociendo la invención del acero o el tajo postrer del especulador.
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© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 2017

 

GARGAJOS SIN REMITENTE…

GARGAJOS SIN REMITENTE…
(Entre desastres de “Harvey” y la saga de Pionyang)

Los labios como cremallera
catapultan mejor el obús verbal del excluido.

Hoy amaneció sin lloviznas.
El café con leche no acalla noticias que no venden cuota mínima de opio.
Hay una telaraña muy eficaz para colgar indulgencias.
Redes destilando licores de posverdad.

El amo de los rascacielos abofetea saldos en rojo de la humana inteligencia
Hay parálisis en las masas que perdieron toda pulsión por morder.
Mundo de acetileno.
Humanidad saltando como jauría hambrienta tras el muñón del mutilado.

Los poetas mueren al ocaso cuando la virginidad suele iniciar jornada en el tubo de un burdel.

Migrantes sin orillas.
Peregrinos hartos de fe, jadeando de estación en estación.
Ciertos atestados universitarios abren los nichos al aprendiz de cómplice.
Pequeño peldaño casi infranqueable  en la escala de la rapacidad.
¿Alternativas?
Jamás: los empleadores pagan sólo por habilidades en genuflexión.

Leyendo la necrología algún brujo escribe el horóscopo para la cuarta sección del diario.
Justo previo al mostrador donde exponen las rebajas y anuncios de servicios indecorosos.
Abrevadero de lagartos, crudas legiones sin seso, abortadas y exentas de culpabilidad sustantiva.
Algún moribundo dio su último suspiro para indultar delitos de la muchedumbre.

Es evidente que misil más u ojiva menos no cambian el balance.
En Geopolítica la razón usa escalpelo teledirigido desde el foso de los intereses.
También los tacones de alguna prostituta encumbrada a primadona nacional llenan titulares:
Estiletes con alquimia sin vendimia, trasmutando los guiños de la caridad.
En fin, los huracanes son ciegos luego que cae el telón.

Escribo tres gargajos sin remitente
para postularme en alguna academia literaria.
Quizás dispense moneda dura y ripios de publicidad para surfear en Hawaii.
Así pago la renta y amortizo a plazos
y lejos del dogal de la puta letra de cambio
mi obligatoria excomunión.

© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 29 de agosto de 2017

Escultura: © Marc Quinn, “Autorretrato”

 

CONFIDENCIAS…

CONFIDENCIAS…

Bellas tus pupilas bruñen.
Perdidas vuelan en el mar.
Manos y alas transfiguran el sueño del abrazo.

Espero en paz la senda que une nuestras islas.
Te busco en la red.
Oficio de escriba y pescador de caricias.

Perdona mi brutalidad.
Me has robado el horizonte.
No es tu culpa.
Quizás sea obra de un ángel que rodó.

Recorro el litoral.
Allá, en la distancia te reconstruyo.
Cada vena, cada verbo, cada beso jamás bordado
Cuerpo aún joven y limpio.
Absolutamente ajeno a egoísta voracidad.

© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 2017

CONJURO DE LAS SOMBRAS…

CONJURO DE LAS SOMBRAS…

Gitana luz, rayo sin umbras, ven.
Cae a rajatabla.
Estoy sediento.

Luz que destrona sien posesa
maldice para que no llegue el alba.
Aquí espero sin leer tu sentencia negra.

Rayo de muerte ciega todo trillo.
Tragando el café desnudo de brasas
me arrojo al portal
donde boquean los sueños decapitados.

Maldita luz sin barreras,
no bendigas el verbo
que exhibe sus rapacidades
en los titulares de los telediarios.
Ni te creo ni exorcizo.
Soy una víctima más del último maratón.

No hay transeúntes, ni viajeros.
Ya clausuraron los andenes
Luz asesina, no queda el cabizbajo enterrador.
Nunca moré, no pernocto, ya no voy.

© Eduardo Vladímir Fernández Fernández, 2017